miércoles, 19 de mayo de 2010

Feria de Cieza


La Feria y Fiestas en honor a San Bartolomé se celebran en Cieza cada mes de Agosto, entre los días 24 y 31.

El arraigo, identidad y colorido de esta manifestación festiva, la sitúan entre las más importantes y populares de la Región de Murcia, destacando por su espectacular Castillo de Fuegos Artificiales, sus Corridas de Toros y su función teatral : 'Crónica y Leyenda de una invasión anunciada'.

El incomparable Recinto Ferial, situado en la Plaza de España, es el marco en que se desarrollan las jornadas de esta fiesta, que cuenta con un nutrido programa cuajado de eventos culturales, musicales y deportivos.

Mientras que las Fiestas en honor a San Bartolomé hunden sus raíces en el siglo XVI, el origen de la Feria se remonta al año 1801, cuando un edicto real permitió su establecimiento en la ciudad.

Celebración: del 24 al 31 de agosto

Leyenda: Cuando San Bartolomé sudó

En el capítulo XXIV de la Historia de Cieza de Fray Pascual Salmerón, se relata: 'el milagroso sudor de la imagen de San Bartolomé, patrón de Cieza, en el conflicto con una horrorosa nube".

Cuenta la leyenda que el día 25 de Agosto de 1722, los ciezanos se encontraban en la Plaza del Pueblo celebrando sus fiestas en honor a San Bartolomé. Cuando súbitamente estalló una violenta tormenta que los obligó a refugiarse en su ermita. Allí, las gentes rezaron e imploraron al santo para que les diese su protección, quedando, siempre según el relato legendario, estupefactos al observar como San Bartolomé sudaba por cinco veces, al tiempo que la tormenta iba remitiendo.

Este insólito acontecimiento fue resumido con una frase muy popular entre los ciezanos: '...por lo mucho que había trabajado el santo en defensa de su devoto pueblo'.

Fiestas del escudo


Las Fiestas del Escudo "La Invasión" tratan de recordar la historia de la localidad y sus leyendas, están organizadas y coordinadas por la Hermandad de San Bartolomé, patrón de Cieza y su asociación cultural "Ermita de San Bartolomé", en 2007 estaban incluidas cinco mesnadas (grupos cristianos) y ocho kábilas (grupos moros). Esta fiesta representa a Cieza en la UNDEF (Unión Nacional de Entidades Festeras), y está pendiente de ser declarada de interés Turístico.

Se celebran el último fin de semana de abril, y curiosamente, en contraposición al resto de fiestas de moros y cristianos, aquí vence el bando moro. El viernes por la tarde, se traspasan los poderes municipales de Alcalde Presidente de la Corporación Ciezana al Comendador de la Villa, personaje elegido entre los miembros de los grupos y mesnadas cristianas, nombramiento que se hace en el medio año festero anterior, se inauguran los campamentos cristiano, moro, el mercadillo medieval y la arenga a las tropas moras por medio del Embajador moro, personaje elegido por aclamación de entre los ciezanos que triunfan fuera de nuestra ciudad, o personas que destacan por favorecer el engrandecimiento de las fiestas, hay bailes y cenas de hermandad entre los diferentes grupos, mesnadas y kábilas.

El sábado, todos los festeros se reúnen en la Plaza de San Bartolomé, donde está la Ermita del santo, que es el patrón de Cieza, y la asociación organizadora de la fiesta, y desde allí salen en pasacalle, con sus trajes oficiales, dando un toque festivo y de jolgorio, a su llegada a la Plaza de España, se celebra la "Tronaera", dicho murciano que alude al disparo de una monumental traca aéreo terrestre, y terminada esta, vuelven al campamento para dar cuenta de suculentas viandas. En la tarde, tiene lugar el acto central de las fiestas, dicho acto se denomina "La Invasión". Como su nombre indica, se escenifica la incursión árabe que tuvo lugar el 6 de abril de 1477, Domingo de Resurrección. En este acto el personaje de Abu-l-Hassan Alí (Muley Hacén), Rey de Granada, encarnado por un festero, y al frente de las tropas (kábilas), protagonizan parte de historia y parte de leyenda, con un desfile guerrero desde el Puente de los Nueve Ojos (Carretera de Cieza a Mula-Mazarrón), se encaminan hacia la población, al tiempo, y en la ermita, se escenifican los santos oficios de aquel entonces, y es en este último recinto donde comienza la acción, ya que según cuenta la leyenda una muda vio como se acercaban las tropas granadinas y en su afán por avisar, entró al templo y gritó "moros vienen", saliendo los que se encontraban en el templo al encuentro de las tropas moras, el momento esencial es cuando las tropas moras, una vez cruzado el puente, reciben la orden de ataque del Rey granadino y los cristianos, que han bajado hasta el río, se enfrentan a ellos en lucha desigual, al ser las tropas moras mucho más numerosas, tras la breve lucha, los cristianos son hechos prisioneros y se encaminan hacia el núcleo de la población, una vez en la plaza del santo, los moros violentan las puertas de la ermita, y "arrasan" todo lo que se encuentra a su paso, los cristianos que no han sido "muertos" en la encarnizada lucha, son hechos prisioneros y llevados a Granada.

El domingo por la mañana, le toca el turno al patrón, todos los grupos le hacen una ofrenda floral. Ya por la tarde, se celebra la entrega de rehenes, basada en un hecho histórico, y una vez acabado este acto comienza el gran desfile del fin de fiesta con la participación de todos los grupos festeros acompañados de bandas de música.

Todos los hechos históricos y legendarios se sienten como propios por todos los ciezanos, y de una forma u otra han ido pasando de generación en generación. De estos hechos queda el lema del escudo de Cieza "Por pasar la puente nos dieron la muerte". Es aconsejable la lectura del libro "El Saqueo de Cieza de 1477. Historia y Leyenda" de la Doctora Doña Isabel García Díaz y editado conjuntamente por el Ayuntamiento de Cieza y el Centro de Estudios Históricos Fray Pascual Salmerón.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Semana Santa


Seis siglos han configurado la Semana Santa de Cieza como un hecho complejo, en el que cada Procesión está dotada de un espíritu único e irrepetible, de tal manera que es preciso vivirla en su conjunto, con la intensidad de cada momento.

Las Procesiones de Cieza hunden sus raíces en el siglo XV, lo que las equipara en antigüedad a cualesquiera otras manifestaciones Pasionales, al tiempo que difieren notablemente, por su concepción y ejecución diversa, del resto de expresiones de religiosidad popular vigentes en el sureste español.

Dieciocho Cofradías inician las celebraciones Domingo de Pasión (Convocatoria, Procesión de los Estandartes, Pregón y Concierto). Los primeros Traslados el Viernes de Dolores y el Sábado víspera de Ramos darán paso al Domingo de Ramos: mañana abarrotada de palmas para recibir a Jesús en su entrada a la Jerusalén ciezana; tarde en la que miles de corazones henchidos trasladan desde su Ermita a su Señor y Protector, el Cristo del Consuelo.

También es el pueblo penitente el que sale a la calle Lunes Santo para acompañar al Cristo de la Sangre en su Vía Crucis procesional; la noche del Martes saca a la Plaza Mayor el Auto del Prendimiento y la Procesión del mismo nombre; y la del Miércoles traza un recorrido por las escenas claves de la Pasión.

El Jueves Santo invita al recogimiento y a la reflexión con dos Procesiones: en esa tarde de mantillas la de los Hijos de María; a las doce en punto de la noche la sobrecogedora Procesión del Silencio. Viernes Santo por la mañana saldrá la Procesión del Penitente; por la noche, con todo lujo y esplendor, la Procesión del Santo Entierro, y en plena madrugada, la más austera y medieval de todas, la del Descenso de Cristo a los infiernos.

Finalmente en la mañana del Domingo de Resurrección nuestra Semana Santa abandona sus matices más dramáticos para tornarse explosión de júbilo y color en el "Baile de los Santos" y en "La Cortesía".

Pero la Semana Santa de Cieza es mucho más: es el variopinto diseño y colorido de su vestuario, son sus marchas y pasodobles, los escultores, tallistas, orfebres... que se asoman detrás de cada Paso, detrás de cada báculo, farol o estandarte; es la "caracola" de los "Armaos", los populares "Traslados", los Desfiles infantiles, y el vaivén inconfundible de nuestros Anderos que con sus hombros elevan los Pasos hasta el cielo. Imágenes y momentos, todos ellos, para recordar que hay un camino trazado hacia nuestra ciudad: el que cada año, cada primavera, conduce a Cieza por su Semana Santa.

Plaza de Toros


La Deseada. Inaugurada el 24 de agosto de 1912. Se llama así por los ciezanos aficionados, deseosos de que Cieza tuviera un coso taurino digno de tan gran afición. El nombre de La Deseada figura en su fachada principal desde 1982.

Aquella tarde, del 24 de agosto de 1912, alternaron mano a mano los diestros Villa Villita “Habla poco” y Gaspar Izquierdo ”El Yeclanito”, con reses de Samuel Flores.

El proyecto de la plaza de toros de Cieza lo realizó el arquitecto de Hellín Justo Millán Espinosa (1843-1918).

El proyecto queda terminado el 5 de noviembre de 1889.

La plaza de toros de Cieza es la típica plaza-coliseo y no se ajusta a los cánones de plaza de toros de estilo neomudejar.

Han pisado la arena de esta plaza las mejores figuras del toreo a nivel mundial, pero hay una fecha histórica que La Deseada contempló, en las fiestas patronales de 1944, cuando entró en la historia un cartel único: Pepe Bienvenida, Carlos Arruza y Manuel Rodríguez Manolete.

Su actual propietario es Andrés López Marín que, desde hace algunos años atrás, ha hecho grandes obras de restauración en el coso ciezano.

Convento de las Claras


Fundado en 1750 por los hermanos D. Lorenzo y D. Matías Marín-Blázquez y las religiosas clarisas venidas del Monasterio de la Encarnación de Mula.
La Iglesia del Monasterio consta de una sola nave, su espacio interior se contrasta con capillas entre pilastras de origen compuesto. Al atrio que da a la entrada a la Iglesia, se accede por un arco de medio punto en cuyo centro destacan las armas labradas en piedra de sus fundadores.
Un escudo de los linajes Marín-Blázquez, Melgares, Padilla y Moya, está situado en la fachada que da a la calle Mesones. En el interior del Convento, se conservan pinturas, esculturas y enseres de diferentes artistas, destacando el "Niño de la Bola", atribuido a Francisco Salzillo, por sus características estilísticas.
En la Iglesia se puede contemplar obra neobarroca de Nuestra Sra. de Gracia y Esperanza y Nuestra Sra. de la Soledad, ambas inspiradas en la escuela de Salzillo.

Convento de San Joaquin


Los primeros datos sobre el convento datan del año 1603 en el que los monjes franciscanos del monasterio de Santa Ana del Monte de Jumilla bajaban periódicamente para predicar, confesar, decir misa y recoger limosna de los fieles.

Los enfrentamientos de los años 1660-1674 entre bandos familiares dan a los monjes una buena oportunidad para desarrollar una importante labor encaminada a la “paz de la villa”. El papel de los monjes en la pacificación de estos enfrentamientos es crucial, y como consecuencia de su actuación y de la creciente devoción de la población hacia estos monjes, surge la necesidad de edificar en Cieza un convento. En 1671, Carlos II otorgaba la licencia para la construcción de un nuevo convento en Cieza. Tras todos trámites, sería en el año 1681 cuando se ultimaron los preparativos para el comienzo de la obras.

La dirección arquitectónica del convento se realizó por los maestros franciscanos Fray Juan Blasco, Fray Pascual Pardo y Fray Juan Salaberría. En las labores de construcción participaron tanto los propios monjes como los propios ciudadanos. En 1685, se puso la primera piedra en el lugar en que debía situarse el priorato, celebrándose en 1699 la inauguración del mismo, para el que los ciezanos ofrecieron múltiples donaciones en pro del mejor funcionamiento de éste.

Desde el punto de vista de su arquitectura cabe destacar la sobriedad de su fachada, apenas sin adornos, acordes a los principios de austeridad y pobreza propios de la orden franciscana. Es un templo de una sola nave, de cabecera rectangular y con capillas laterales entre los contrafuertes, que se comunican entre sí a modo de naves laterales. Tiene tres cuerpos de nave, un crucero alineado con las capillas laterales, cubierto con bóveda vaída, ábside recto y coro a los pies con arco rebajado y frente recto. Las pilastras adosadas a los pilares cruciformes de gran grosor tienen el plinto y fuste liso, y como única decoración se dispone una cornisa muy volada que recorre todo el edificio, decorada con elementos clásicos del barroco, tales como guirnaldas. La bóveda es de medio punto decorada con sencillos motivos vegetales. En el segundo piso hay una tribuna con balconcillos. Fray Benito de Salazar construyó en 1707 un grandioso retablo que se usaría hasta 1936.

La iglesia servía de enterramiento, tanto en las capillas como debajo de la nave central de la iglesia. No podemos obviar que Fray Pascual Salmerón, primer historiador de Cieza, tomó los hábitos en este templo en 1735. Sus restos serían depositados en 1805 en la Capilla de los Afligidos, ubicada a la derecha del altar mayor de la iglesia.

En 1822, abandona el convento la casi totalidad de la comunidad franciscana, quedando sólo tres monjes al cuidado de la iglesia hasta que, en 1836, se funda la sociedad benéfica La Caridad, utilizándose a partir de entonces las celdas de los frailes como habitaciones para ancianos y desvalidos. Más adelante, el edificio sería usado para múltiples fines. Así, por ejemplo, durante la Guerra Civil, fue hospital de soldados de las Brigadas Internacionales que lucharon a favor del bando republicano. Posteriormente, se ocuparía parcialmente como sede de la Comandancia Militar de Cieza, maternidad, etc., sin que dejara de ser también asilo de ancianos hasta que se construyó el hogar de San José y San Enrique a principios de los años ochenta. Uno de sus últimos usos, además de servir como dependencia de la iglesia de San Joaquín, sería el de Centro de Educación de Adultos.

Iglesia de la Asuncion


La iglesia de la Asunción de Cieza, sita en la Plaza Mayor, s/n, está ubicada entre las calles de San Pedro y Cartas.

Consta de tres naves, la central fue reedificada en el siglo XVIII sobre una iglesia anterior, cuya fecha de construcción se sitúa en el último cuarto del siglo XV. En el año 1492, se comenzaron los cimientos de la que hoy es Basílica, teniendo la entrada por el atrio de San Pedro, abriéndose al culto el 12 de octubre de 1526.

Para los profesores Segado Bravo y Hernández Albaladejo las obras del edificio de la Asunción, se desarrollaron a lo largo de toda la centuria del siglo XVII, no finalizándose hasta entrada la siguiente.

La atribución de la autoría del templo resulta complicada, ya que los expertos no coinciden en apuntar a un solo nombre.

Fue consagrada Basílica por el obispo de Astorga y ciezano de nacimiento D. Jesús Mérida Pérez, el 3 de mayo de 1946.

Se trata de un espacioso y singular edificio de marcada personalidad, sencillo en sus formas y sobrio en su estilo. Destaca su torre neorrománica y sus bellos atrios (Puerta de San Pedro y Santa María).

La planta de la iglesia es de tipo basilical y se divide en tres naves con capillas laterales construidas entre los contrafuertes, dos a la derecha (lado de la Epístola) y tres a la izquierda (lado del Evangelio).

Destacan las tres portadas, las laterales inspiradas en el tardo-renacimiento, mientras que la portada del imafronte o fachada principal destaca por los relieves de volutas de estilo barroco.

En su interior se conservan retablos y esculturas de José Planes, Ignacio Pinazo, González Moreno, José María Ponsoda y Manuel Juan Carrillo.